Contraté el seguro médico solo porque el visado de jubilado lo exigía. Ocho meses después, ese papeleo obligatorio fue lo único que evitó que un infarto me dejara en la ruina.
En resumen
Graham, un británico jubilado de 68 años, contrata a regañadientes el seguro médico obligatorio para su visado de retiro en Hua Hin. Meses después, un infarto le enseña por qué esa póliza que veía como un trámite terminó siendo la decisión más importante que tomó al mudarse.
Soy británico, tengo 68 años, y me mudé a Hua Hin hace poco más de un año tras jubilarme, con mi esposa Carol, de 65. Cuando tramitamos el visado de retiro, descubrimos que Tailandia exige un seguro médico con coberturas mínimas específicas para este tipo de visado, algo que en su momento vi más como un trámite burocrático caro que como algo que fuéramos a necesitar de verdad.
Elegimos una póliza de una aseguradora local que cumplía los requisitos del visado, pagando la prima anual casi a regañadientes, calculando en voz alta con Carol cuánto nos habría costado no tener que pagarla si no fuera obligatoria.
Ocho meses después, mientras jugaba al golf una mañana con otros jubilados del club, sentí un dolor fuerte en el pecho que en un primer momento intenté ignorar, atribuyéndolo al calor. Terminé en el suelo del noveno hoyo, y uno de mis compañeros de partida, que resultó ser enfermero jubilado, fue quien reconoció los síntomas de un infarto e insistió en llamar a la ambulancia de inmediato.
Pasé cinco días en cuidados intensivos en un hospital privado de Hua Hin, con un cateterismo y la colocación de dos stents, seguidos de otra semana de hospitalización general antes de poder volver a casa.
La factura final, que Carol guardó por curiosidad más que por necesidad, superaba varios cientos de miles de baht. El seguro cubrió prácticamente la totalidad, dejándonos solo pequeños gastos adicionales fuera de póliza que pagamos sin mayor drama.
Sin ese seguro, que había contratado sin ninguna convicción real, meses antes, habríamos tenido que vender activos en el Reino Unido con urgencia, o peor, no habría podido recibir la atención inmediata que probablemente me salvó la vida esa mañana en el campo de golf.
Sigo jugando al golf, con más cuidado ahora, y Carol revisa cada año, antes de renovar el visado, que la cobertura siga cumpliendo los requisitos y que además siga siendo la que necesitamos de verdad, no solo la más barata que cumple el mínimo exigido. Lo que antes veía como un gasto forzado por la burocracia tailandesa, ahora lo veo como la mejor decisión financiera, sin comparación, que tomé al mudarme aquí.