Nuestra hija nació en Chiang Mai un viernes por la tarde, y para el lunes ya estábamos discutiendo qué apellido llevaría en cada uno de sus dos pasaportes.
En resumen
Mark, un canadiense de 34 años, y su esposa Nam navegan las semanas siguientes al nacimiento de su hija en Chiang Mai, corriendo contra los plazos separados de la embajada canadiense y del registro civil tailandés para asegurar su doble nacionalidad.
Soy canadiense, tengo 34 años, y mi esposa Nam, de 31, dio a luz a nuestra hija Mali en un hospital de Chiang Mai un viernes por la tarde. Entre la falta de sueño y la alegría de esos primeros días, ninguno de los dos había investigado a fondo qué trámites nos esperaban para que Mali tuviera, como queríamos, tanto la nacionalidad tailandesa de su madre como la canadiense mía.
Nam se encargó del lado tailandés: el registro de nacimiento en el amphoe local debía hacerse dentro de un plazo relativamente corto, y sin ese certificado tailandés en regla, ninguno de los siguientes pasos, ni el pasaporte tailandés de Mali ni el registro consular canadiense, podía avanzar.
El lado canadiense resultó más complicado de lo que esperaba. El registro de nacimiento en el extranjero (lo que en mi caso equivalía a solicitar la prueba de ciudadanía canadiense de Mali) exigía documentos que aún no teníamos listos: mi propio certificado de nacimiento original, que había quedado en casa de mis padres en Canadá, y una traducción jurada del certificado tailandés de Mali.
Pasé varias noches, con Mali dormida sobre el pecho, escribiendo correos a mis padres para que escanearan y enviaran documentos, y buscando un traductor jurado en Chiang Mai que pudiera certificar la traducción con la rapidez que necesitábamos.
Lo que más nos preocupó, revisando la información con calma, fue confirmar que Mali necesitaría en algún momento viajar con nosotros a Canadá, lo que significaba que ese pasaporte canadiense, con toda la documentación de respaldo en regla, no era un trámite opcional que pudiéramos posponer sin más para más adelante.
Terminamos completando el registro civil tailandés a tiempo, sin complicaciones, gracias sobre todo a que la familia de Nam conocía bien el proceso local. El trámite canadiense tardó casi tres meses en resolverse del todo, entre envíos de documentos, una cita presencial en el consulado en Chiang Mai y la espera final del pasaporte por correo.
Mali tiene ahora dos pasaportes guardados en una carpeta que Nam revisa cada pocos meses para comprobar las fechas de vencimiento. Lo que aprendimos de todo el proceso es que ningún trámite de nacionalidad se resuelve solo, y que vale la pena empezar a informarse de los plazos exactos mucho antes de que el bebé llegue, no después.