Portada: Mi permiso internacional había caducado hacía ocho meses sin que yo me diera ni cuenta. Un coche me golpeó en un cruce en Phuket, y ese detalle de papeleo se comió todos mis ahorros.

Mi permiso internacional había caducado hacía ocho meses sin que yo me diera ni cuenta. Un coche me golpeó en un cruce en Phuket, y ese detalle de papeleo se comió todos mis ahorros.

En resumen

Derek, un británico de 47 años, sufre un accidente de moto en Phuket sin saber que su permiso de conducir internacional había caducado meses antes. La aseguradora se niega a cubrir nada, y su pareja Ice le ayuda a navegar las semanas siguientes.

Soy británico, tengo 47 años, y llevaba tres viviendo en Phuket con Ice, mi pareja de 36 años, usando siempre mi permiso de conducir internacional para la moto, algo que sabía que técnicamente solo cubría estancias cortas pero que llevaba tanto tiempo haciendo sin problemas que había dejado de pensar en ello del todo.

Lo que no sabía, porque nunca lo comprobé con cuidado, es que mi permiso internacional había caducado ocho meses antes del accidente. Se renueva desde el Reino Unido, con un proceso que había hecho una vez, años atrás, y que asumí sin más que seguía en vigor indefinidamente.


El accidente en sí fue relativamente menor: un coche se saltó un ceda el paso en un cruce cerca de Chalong y me golpeó de lado, tirándome de la moto. Salí con una pierna rota y varios puntos, nada que pusiera mi vida en riesgo, pero sí varias semanas de hospital y rehabilitación por delante.

El problema llegó cuando el seguro de la moto, y después el seguro médico que sí tenía contratado, pidieron mi permiso de conducir para procesar el pago. Ice fue la que se dio cuenta, revisando los papeles conmigo desde la cama del hospital, de que la fecha de caducidad llevaba meses pasada.


La aseguradora de la moto se negó a cubrir ni un solo baht de los daños, alegando exactamente lo que esperábamos: que conducir sin un permiso válido invalidaba la póliza por completo. El seguro médico, por suerte, sí cubrió la atención hospitalaria, ya que ese contrato no dependía del permiso de conducir, aunque tuve que pelear varias semanas de papeleo para que quedara claro.

Los daños de la moto del otro conductor, que la policía determinó parcialmente mi responsabilidad por no llevar un permiso válido a pesar de que él se había saltado el ceda el paso, tuve que pagarlos yo mismo, en efectivo, algo que se comió buena parte de mis ahorros de ese año.


Ice me acompañó a cada cita, cada reunión con el abogado, cada llamada frustrante a la aseguradora, sin un solo comentario de reproche en todo el proceso, aunque estoy seguro de que se lo merecía. Saqué el carné tailandés de verdad en cuanto pude volver a caminar sin muletas, con un examen que aprobé, esta vez, a la primera.

Todavía tengo la cicatriz de la pierna. Lo que más me quedó de toda la experiencia, sin embargo, no fue el dolor físico, sino lo tonto que me sentí al descubrir que un simple trámite administrativo que llevaba meses ignorando había estado a punto de dejarme sin nada.

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