Portada: Suspendí el examen teórico del carné tailandés dos veces. A la tercera, ella me hizo tarjetas de estudio con dibujos porque decía que yo leía las señales como si fueran arte abstracto.

Suspendí el examen teórico del carné tailandés dos veces. A la tercera, ella me hizo tarjetas de estudio con dibujos porque decía que yo leía las señales como si fueran arte abstracto.

En resumen

Aaron, un australiano de 39 años, suspende dos veces el examen teórico para el carné de conducir tailandés. Su pareja Bell le prepara tarjetas de estudio caseras, convirtiendo el proceso burocrático en algo que terminan recordando entre risas.

Soy australiano, tengo 39 años, y llevo dos años viviendo en Tailandia con mi permiso de conducir internacional, que en teoría cubre solo estancias temporales. Cuando mi visado se estabilizó y quedó claro que me quedaba a largo plazo, Bell, mi pareja de 33 años, me dijo sin rodeos que ya era hora de sacarme el carné tailandés de verdad.

Fui al primer examen teórico convencido de que sería un trámite rápido. Suspendí, por un margen bastante amplio, principalmente por las señales: había memorizado las formas generales de las señales occidentales toda mi vida, pero varias señales tailandesas usan colores y símbolos que no significan lo mismo, y en el examen los confundí sistemáticamente.


Suspendí una segunda vez, dos semanas después, por el mismo motivo. Bell, que hasta entonces se había limitado a burlarse cariñosamente de mí cada vez que volvía a casa con la cara larga, decidió tomar cartas en el asunto.

Pasó un fin de semana entero haciéndome tarjetas de estudio a mano, con dibujos propios de cada señal porque decía que las fotos del manual oficial eran demasiado pequeñas y grises para que se me quedaran. Puso notas en tailandés e inglés en cada una, y me hacía repasarlas cada noche después de cenar, como si fuera un niño estudiando para un examen del colegio.


Su método favorito era ponerme las tarjetas boca abajo sobre la mesa y hacerme adivinar el significado antes de darle la vuelta, con una pequeña celebración exagerada cada vez que acertaba y una risa nada compasiva cada vez que fallaba. Descubrí que recordaba las señales mucho mejor cuando las asociaba con sus dibujos —bastante malos, para ser sincero— que con las fotos oficiales del manual.

A la tercera convocatoria aprobé el examen teórico con un margen cómodo, y la prueba práctica de conducción, que me preocupaba bastante menos, la aprobé sin ningún problema una semana después.


Todavía guardo las tarjetas en un cajón, aunque ya no las necesite. De vez en cuando, si vamos conduciendo y pasamos alguna señal especialmente rara, Bell me pregunta en broma qué significa, solo para comprobar si me acuerdo. La mayoría de las veces sí, aunque sospecho que es más porque recuerdo su dibujo concreto de esa señal que por haberme estudiado de verdad el manual oficial tailandés.

Sigue leyendo

Historias relacionadas