Portada: La embajada alemana me pidió una prueba de ADN para reconocer a mi propio hijo. Tardamos cuatro meses, y durante ese tiempo mi hijo no existía legalmente para ningún país excepto Tailandia.

La embajada alemana me pidió una prueba de ADN para reconocer a mi propio hijo. Tardamos cuatro meses, y durante ese tiempo mi hijo no existía legalmente para ningún país excepto Tailandia.

En resumen

Felix, un alemán de 41 años, descubre que reconocer legalmente a su hijo nacido en Bangkok, ya que él y la madre, Ploy, no estaban casados, requiere una prueba de ADN exigida por la embajada alemana antes de poder tramitar la ciudadanía y el pasaporte.

Soy alemán, tengo 41 años, y mi pareja tailandesa, Ploy, de 29, tuvo a nuestro hijo Ben en un hospital privado de Bangkok. No estábamos casados en ese momento, algo que en muchos países no cambia mucho el proceso, pero que en el caso alemán resultó ser el detalle que complicó todo lo demás.

Como padre no casado con la madre, Alemania no reconoce automáticamente la paternidad solo porque mi nombre aparezca en el certificado de nacimiento tailandés. Tenía que reconocer legalmente a Ben ante la embajada alemana, un trámite que, me explicaron, normalmente requiere una prueba de ADN cuando no hay matrimonio de por medio.


El proceso de ADN en sí no fue complicado técnicamente: una cita en una clínica autorizada en Bangkok, muestras tomadas a Ben y a mí, enviadas a un laboratorio certificado en Alemania para su análisis. Lo que sí fue difícil fue la espera, casi cuatro meses en total entre la cita, el envío, el análisis y la confirmación oficial.

Durante esos meses, Ben tenía certificado de nacimiento tailandés y nada más. No podía solicitar su pasaporte alemán, ni su número de identificación consular, hasta que el reconocimiento de paternidad quedara resuelto con la prueba en mano.


Ploy llevó la espera con más calma que yo, recordándome varias veces que Ben tenía nacionalidad tailandesa de sobra por su parte y que no iba a quedarse sin país en ningún momento real, aunque a mí me costaba no pensar en los peores escenarios, sobre todo cuando planeábamos un viaje a Alemania para que mis padres lo conocieran.

Cuando por fin llegó la confirmación, con el resultado que esperábamos, el resto del trámite (el registro de nacionalidad alemana y el pasaporte) avanzó relativamente rápido, apenas unas semanas más.


Ben tiene ahora pasaporte alemán y tailandés, y conoció a sus abuelos alemanes en un viaje que hicimos seis meses después de lo que habíamos planeado en un principio. Lo que me quedó de toda la experiencia es lo importante que es, para cualquier padre extranjero en la misma situación, preguntar en su propia embajada, desde el primer día, exactamente qué prueba de paternidad exigen cuando los padres no están casados, en lugar de asumir que el certificado tailandés basta por sí solo.

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