Portada: Tenía 27 años y me sentía invencible, así que nunca contraté un seguro médico. Un accidente de moto en Koh Samui me enseñó lo que cuesta esa sensación de invencibilidad, en baht y en intereses de un préstamo.

Tenía 27 años y me sentía invencible, así que nunca contraté un seguro médico. Un accidente de moto en Koh Samui me enseñó lo que cuesta esa sensación de invencibilidad, en baht y en intereses de un préstamo.

En resumen

Jordan, un canadiense de 27 años que trabajaba en remoto desde Koh Samui, nunca vio necesario contratar un seguro médico privado. Un accidente de moto le deja una factura hospitalaria que tarda más de un año en terminar de pagar.

Soy canadiense, tengo 27 años, y llevaba ocho meses trabajando en remoto desde Koh Samui cuando tuve el accidente. Como muchos extranjeros jóvenes que llegan con un trabajo remoto y buena salud, nunca vi la necesidad real de contratar un seguro médico privado: calculaba que, en el peor de los casos, podría cubrir cualquier gasto médico con la tarjeta de crédito.

El accidente pasó de forma bastante tonta, la verdad: perdí el control de la moto en una curva mojada cerca de Lamai, sin ningún otro vehículo involucrado, y terminé con una fractura de fémur que requería cirugía con placa y tornillos.


El hospital privado donde me atendieron inicialmente, el más cercano al lugar del accidente, me pidió un depósito considerable antes incluso de operar, algo que pagué con la tarjeta de crédito sin pensarlo demasiado en ese momento, todavía aturdido por el dolor y la situación.

La cirugía y los cinco días de hospitalización que siguieron llevaron la factura total a una cifra que superaba con creces lo que tenía disponible en la tarjeta, obligándome a organizar una transferencia urgente desde mi cuenta en Canadá, y a pedir a mis padres que me adelantaran parte del dinero mientras yo liquidaba unos ahorros que tenía invertidos.


Terminé pagando la deuda con mis padres a lo largo de más de un año, algo que, sumado al golpe a mis ahorros, me hizo sentir mucho más vulnerable de lo que había imaginado que me sentiría viviendo aquí con "solo" 27 años y buena salud.

Un compañero de coworking, que sí tenía seguro y había pasado por algo parecido meses antes, fue quien me insistió, ya en el hospital, en que contratara una póliza en cuanto pudiera volver a caminar, en lugar de seguir confiando en la tarjeta de crédito como plan de respaldo.


Tengo ahora un seguro médico privado con cobertura de accidentes de moto incluida, algo que mucha gente joven que se muda aquí con trabajo remoto ni se plantea contratar hasta que, como yo, les toca de cerca. Lo que aprendí de la forma más cara posible es que la sensación de invencibilidad a los 27 años no tiene nada que ver con lo que de verdad puede pasar en una curva mojada un martes cualquiera.

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