Llevaba quince años yendo a Tailandia y me creía un viajero curtido. Una partida de billar en Pattaya me demostró que no sabía nada.
A los 39 años, un viajero australiano habitual de Tailandia conoció a una chica jugando al billar en un bar de Pattaya. Diez días perfectos, un torneo de golf en Indonesia, visitas a la familia en Isaan. Todo bien hasta que seis meses de distancia por trabajo destaparon que el novio escocés que ella decía haber dejado nunca se había ido.